A contraluzLa tarde era gris y sin embargo, la amenaza de la lluvia era lo último que me preocupaba, vi tu mano que se ajitaba en el viento y supe donde estabas.
Eramos dos perfectos desconocidos que creaímamos saber todo de nosotros, eramos dos amigos que nunca se conocierón.
Escuché tu sonrisa e inundó mi alma, no te había imaginado así, no te había visto así en mis sueños, pero eras justo lo que hubiera deseado.
Las avenidas se asfixiaban de lentos coches que parecían no querer llegar a sus destinos, mientras yo oía tu voz de niña incredula, y todo era fácil de entender ya, todo siendo peligrosamente bello.
¿Que pasaría conmigo ahora, que sería de mi si todo cambiara a partir de hoy? yo que pude sobrevirir hasta ayer, gozando de una vida imperfecta.
Pensé en los regalos que la vida nos deja en medio de la nada, y de como hay que disfrutar del olor de las flores mientras llega alguien a cortarlas.
Me vi sentado a tu lado, eran sólo unos centímetros que nos separaban, pero para mi fuerón kilometros cuando buscaba el momento de abrazarte, y tu voz seguía irrumpiendo en mis fantasías y a veces me traía a la realidad.
Te vi de pie junto a la ventana que era la única fuente de luz en aquella noche de mágia inesperada, todo era frescura en mitad del infierno canicular, el espacio mínimo, el lugar sagrado e íntimo era una burbuja que nos aislaba del mundo sus guerras y sus pestes, y tu de frente a mi, tan ausente y desconfiada, tan bella y tan dispuesta, no tuve mas remedio que besarte, mientras tu seguias jugando a la mujer fatal, y sólo las orillas de nuestros rostros se pintaban de luz, dibujando en mis futuros recuerdos el instante en que tocaba el cielo con mis manos, las mismas manos que recorrieron tus caderas y liberaron tu sostén.
"Te tienes que ir ya" -me dijiste de manera imperativa-, mientras señalabas la salida, y nos miramos a los ojos, eramos dos personas en una habitación haciendo lo mismo pero quizas pensando diferente, una confundida y la otra enamorada, un alma atormentada y otra alma apasionada.
Me retiré de aquel paraíso momentáneo, de mi pequeño rincón de la felicidad, de los minutos que me hicierón creer que todo era posible, y despues, despues solo un beso, un beso para llevar camino a casa, dormir acompañado de lo vivido ese día y soñar, soñar otra vez.