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Tuesday, April 21, 2009

Canciones para un dulce fracaso (01)
Creemos en la magia, soñamos con momentos únicos,
alucinamos que los milagros se suceden súbitos como
los aguaceros de la tarde, vemos indicios por todos lados,
y tenemos la esperanza de que llegue la señal divina
que nos ilumine el camino a la felicidad.
Pero a veces despertamos a mitad de la madrugada
y miramos a nuestro alrededor sin encontrar a nadie,
con una sed inmensa y con una tristeza añeja y polvorienta,
es entonces que los milagros se ven tan lejanos, es entonces
que la magia parece ser asunto de la ficción.
Abraza el recuerdo, canta al futuro que nadie sabe donde está,
mira de frente al vacío y llenalo de amor, de amor por ti mismo,
que todos sepan que sabes amar, que nadie dude que puedes
seguir, todos fallamos alguna vez en la vida, todos podemos
salvar la distancia entre la obscuridad y el alba.

3 comments:

esmeralda garcia said...

me gusta tu trabajo!

Anonymous said...

Y sin embargo

La lluvia me recibió a los pies del hotel. Las palabras, eternas siempre, como mi sonrisa… nos unieron hace ya demasiado tiempo, ahora eternas aun pero mojadas servían para protegernos de la tormenta.
Sus ojos los mismos, sus labios heridos de ansiedad. Aquella noche ni la paz ni la poesía visitaron mi cuerpo, paz y abrigo necesitaba mi piel.

Las horas, la madrugada, los silencios… el ruido de sus besos, todo presagiaba un adiós, mi adiós. Y sin embargo… el ruido no dejaba de abrasar las heridas abiertas en las que se descomponía mi alma.

Ni Frida, ni el Tenampa, ni el arte ni la poesía. Aquella noche nada valía tanto la pena como dejar que pasara el tiempo sin usarlo ni invertirlo.

En mi vida me han anidado muchas noches tristes, pero nunca tan devastadora como aquella. Y sin embargo… aun hay días en los que cambiaría todo por volver a vivirla junto a él. Por escuchar a los mariachis bajo el retrato de Cornelio Reyna, mientras el suelo se abría bajo mis pies, y caminar sorteando charcos en los que no quise ver su cara.

Cuanto lo quise y cuanto me desprecié por amarlo así.

Y no lo culpo, por no vivirme así como yo lo vivo. Ni por dormirse en mis besos, ni por ausentarse de mí. Ni siquiera por arrancarme jirones de mi dignidad entregada,… no lo culpo ni por enamorarme con la misma fuerza con la que dilapidó mi amor.

A la sombra de su reloj le deje enterrada una canción de amor y un poema, un par de lágrimas en la maleta, una espera desesperanzada, una pasión de contrabando, y algún que otro reproche a destiempo.

Le di dos noches de lluvia
una mañana de sol.
Y una despedida fácil.


Isa.

Tomas Hache said...

Isa, lo volviste a hacer...
un abrazo.